Desde el inicio de la fundación de La Habana se comenzó a crear un sistema de fortificaciones que la protegieran del frecuente asedio de corsarios y piratas. Así, se construyeron los castillos de la Real Fuerza, de la Punta y el Morro, en una primera etapa.


El Castillo de El Morro fue erigido bajo la dirección de Juan Bautista Antonelli y se concluyó en sus elementos esenciales hacia 1597, después de ocho años de duros trabajos.


Para llegar al Morro se debe cruzar el mar, siendo la forma más simple atravesar el Túnel de la Bahía. Por esta ruta, en muy pocos minutos, el visitante se transporta a un mundo de castillos y murallas de la época los inicios del periodo colonial de España en Cuba.


El Castillo de los Tres Reyes del Morro de La Habana adopta este nombre para evocar por una parte a los Tres Reyes Magos y, por otra, al terreno donde se encuentra enclavado, alto, rocoso, escarpado, aislado y a la orilla del mar.


El célebre Faro de El Morro emite destellos cada quince segundos, con una potencia de 200 mil bujías. Sobresale 45 metros sobre el nivel del mar y sus luces pueden ser vistas a 18 millas náuticas de distancia.